Hoy me senté a escribir y no salió nada. No porque no tuviera nada para decir, sino porque sentía todo trabado, como detrás de una puerta que no encontraba cómo abrir. Entonces hice lo que muchas veces hago cuando quiero mover la energía: Barajé el mazo.

Participé de otro taller de la escuela Orsai de Hernán Casciari. La propuesta era escribir un libro entre 300 personas y de forma virtual. Un taller de escritura colaborativa en donde un grupo de, nada menos que, 300 personas, trabaja en equipo para escribir y publicar un libro. Personas que no se conocen y a las que las separan millas...